martes, 6 de noviembre de 2012

Los muertos señalados por Dios. Leyenda templaria.



Entre todas las leyendas que nos cuentan sobre templarios en Toledo, es la de los muertos señalados por Dios la más, si quieren, bella de contar.

Dicen que tras la derrota de Alarcos, en la que la tropas cristianas se ven superadas por las almohades, que los musulmanes emprenden la marcha para reconquistar Toledo. Los templarios deben defender el sector de la muralla correspondiente al barrio de San Miguel, en el que se aposentan, y el comendador reúne la noche anterior a los caballeros para rezar al Dios protector.
Estos piden a su señor una señal para saber cuántos de ellos morirán en la batalla y la imagen de Cristo se apareció en las capas de algunos de los monjes. Para el comendador una señal de que todos los señalados iban a perder la vida en el combate.
 
Ante este aviso, decidieron que a la mañana siguiente sólo los no señalados irían al combate, quedando el resto en a Iglesia de San Miguel rezando. Cuando volvieron de la lucha sin ninguna baja, en la que se rechazó la acometida de los moros, entraron en el templo y encontraron a todos los caballeros muertos y sus cuerpos momificados.
La pila bautismal rebosaba sangre, en vez de agua,  y sólo cuando el comendador metió su cruz en ella la sangre se diluyó y se volvió agua de nuevo. “No se pueden burlar los designios del señor”, entendieron los caballeros. El suceso allí acontecido pronto se conoció en el resto de la ciudad.

Desde entonces, el pueblo iba a la pila bautismal a pedir milagros. El agua de aquel recipiente cura las heridas de arma blanca, dice la tradición.



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viernes, 7 de septiembre de 2012

Perdido




Eres un perdido de la sociedad,
eres sólo carne y poco más;
cuántas veces te has puesto a pensar
en las horas que desperdicias
quemando y jugando con tu vida,
girando la ruleta del destino,
acariciando los dedos del peligro,
apostando a números prohibidos.

Debes curar tu nocturnidad, aunque
no te puedas explicar qué tiene
la noche que no tenga le día, qué
tiene tu sangre que nunca se enfría.

Eres hombre reo de la sociedad pues
buscas en tu noche algo que no hay,
sólo encuentras ojos que nunca te ven,
historias de mentira que nadie se cree,
regalos de una dama de mirada cruel
que te besa sin saber por qué, agrios
despechos debajo de la luna, agrios
desprecios si te mira el sol.

Eres el mendigo de una calle gris, de
lugares escondidos, turbios y sin luz.
Te cargas a la espalda bolsas de dolor,
arrastras la miseria de una triste voz.
Vagabundo ciego, vagabundo errante,
solitario cuerpo por el mundo "alante"
vagabundo eres porque tú lo quieres,
en la noche sólo vagabundo eres.

Debes curar tu nocturnidad, aunque
no te puedas explicar qué tiene
la noche que no tenga el día, qué
tiene tu sangre que nunca se enfría.











jueves, 21 de junio de 2012

Cuando sea viejo.






Carta de un padre a su hija.



El dia que este viejo, y ya no sea el mismo, ten paciencia y compréndeme.

Cuando derrame comida sobre mi camisa, y olvide como atarme los zapatos, recuerda las horas que pasé enseñandote las mismas cosas.
Si cuando hables conmigo, repito y repito la misma historia que tú conoces de sobra, no me interrumpas y escúchame, cuando eras pequeña, para que te durmieras tuve que contarte miles de veces el mismo cuento hasta que cerraras tus ojitos.
Cuando haga mis necesidades frente a otros, no me averguences, no tengo culpa de ello, no puedo controlarlo. Piensa cuantas veces te ayude de niña, pacientemente.
No me reproches porque no quiera bañarme, ni me regañes por ello. Recuerda cuando te perseguía y  los mil pretextos que inventaba para hacerte mas agradable tu aseo.

Acéptame y perdóname.
Ya que el niño ahora soy yo.

Cuando me veas inútil e ignorante frente a todas las cosas que tu sabes y que ya no podré entender, te suplico que me des todo el tiempo que sea necesario para no lastimarme con una sonrisa burlona o tu indiferencia. Siempre participé en la educación que hoy tienes para enfrentarte a la vida tan bien como lo haces.
Y si fallan las piernas por estar cansadas, dame una mano tierna donde apoyarme como lo hice yo cuando comenzaste a caminar con tus debiles piernecitas.
No te sientas triste e impotente por verme como me ves, dame tu corazón. Compréndeme.

De la misma manera que te he acompañado en el sendero de tu vida, acompañame a terminar el mio. Dame amor y paciencia que yo devolvere gratitud y sonrisas con el inmenso amor que tengo por ti. Piensa que con el paso que me adelanto a dar, estaré construyendo para tí otra ruta de amor en otro lugar, en otro tiempo.


Tu padre.
Ese viejecito del rincón.