viernes, 18 de septiembre de 2009

Hace poco me mataste un amigo


Tenía 28 años, era bien parecido, deportista, corría diez kilómetros cada día. Buena pinta, sano y fuerte. Además era un tipo noble, sencillo, derecho, con sentido del honor como los de antes, con palabra, apretón de manos franco, y todo eso. Con sentido del humor, además, lo que era un regalo, un don de la existencia para quienes estaban con él. Había aprendido a disfrutar de la vida con dignidad y con decencia. Hay gente que vive noventa tacos de almanaque y nunca llega a ser tan sabia y lúcida como lo era él. Amaba el mar, como yo. Tenía una familia, una novia, unos amigos. Tenía una perra que ahora lo busca con ojos leales y tristes, moviendo el rabo esperanzada cada vez que alguien roza la puerta. Tenía un futuro. Si tú se lo hubieras permitido, habría llegado a ser un tipo de esos que hacen el mundo soportable, en vez de una cloaca sucia y oscura, a merced de irresponsables como tú.

También tenía una moto, aunque no era uno de los que van haciendo el cimbel como suicidas prematuros. Aquella mañana circulaba despacio, cerca de la playa, con el casco puesto y guardando las precauciones adecuadas. Y ése fue el momento que elegiste, maldita sea tu estampa, para salir con el coche de la gasolinera a toda velocidad, saltándote tres carriles antes de girar en dirección prohibida, a fin de ahorrarte los cien metros hasta el siguiente cambio de sentido. Llevabas a tu mujer y a tu hijo en el coche, y aun así hiciste esa pirula. Te jugaste tu vida y la de ellos por ganar tres minutos, y arrancaste de cuajo la de otro. Le diste de lleno, clac. Moto y motorista a tomar por saco. Doce días en coma, luchando entre la vida y la muerte. Y luego, ya sabes. Como esos aparatitos de las películas: la línea recta en el monitor. Piiiii. Pero no era una película, sino la vida de un joven lleno de sueños y esperanzas. Por usar un lenguaje de cine y que lo entiendas, cretino: cuando matas a alguien le quitas todo lo que tiene y todo lo que podría llegar a tener.

Por supuesto, ahora estás en la calle, tan campante. Los miserables como tú no van a la cárcel. Ignoro exactamente qué te cayó, si es que fue algo además de tres meses sin permiso de conducir. Si la gentuza de tu calaña fuera al talego cada vez que despacha a alguien, las cárceles iban a parecer el camarote de los hermanos Marx. No hay más que veros pasar al volante, inconscientes, letales, a toda leche, creyéndoos inmortales. Seguros, como fue tu caso, de que si alguien palma, será otro. Así que imagino que a estas alturas ya estarás conduciendo de nuevo, como si nada. Los jueces son comprensivos en esto, por lo general; y en cierta forma toco madera, porque la vida da muchas vueltas y nunca se sabe. Ignoro si un día seré yo quien tenga que verse ante un juez. Pero tales son las contradicciones de la vida. Además, lo mío es sólo una hipótesis: no suelo ahorrarme esos cien metros hasta el cambio de sentido, ni me salto los carriles de tres en tres, ni circulo como un majara. Lo tuyo es una realidad: estoy hablando de ti y de tu caso. No tengo toda la información, pero sí la sospecha de que, en vez de prohibirte conducir durante el resto de tu vida, o mandarte un año a trabajar, por ejemplo, al hospital de tetrapléjicos de Toledo, ayudando a gente a la que otros como tú jodieron la vida, supongo que la Justicia, benévola, habrá permitido que te redimas con el pago de una multa. Es lo que suele. Y ahora ni remordimientos tienes, ¿verdad? Parece mentira la capacidad de supervivencia y egoísmo del ser humano. Cómo nos convencemos a nosotros mismos de que la mala suerte, el destino, etcétera, tuvieron la culpa. Al final siempre resultamos asquerosamente inocentes. De todo. Y quién te ha visto y quién te ve. Quién reconocería ahora en ti al lloroso mierdecilla que se justificaba ante los guardias, desolado, frente al cuerpo tirado en el suelo, aquel día de la gasolinera. Pasa el tiempo, y nos justificamos, y si los dolores propios terminan diluyéndose en el recuerdo, para qué decir de los dolores ajenos.

Por eso escribo hoy esta página. Para recordártelo. Para contar que me arrebataste a un amigo al que nunca llegué a conocer. Para decirte que ojalá revientes. Cabrón.




Patente de corso.  Arturo Perez Reverte






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9 comentarios:

  1. Joder, por desgracia estas historias pasan a diario, y nosotros los conductores de moto, tanto por placer como por necesidad estamos expuesto a este tipo de accidente. Saludos amigo!

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  2. Rafagas al viento por otro motorista muerto...

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  3. Hola.

    Visito a menudo tu blog y me gustaria afiliarme a el. Poseo un blog de tematica personal (http://conectados2.blogspot.com/) Si estas intersad@ enviame un correo a:
    jegt1987@gmail.com

    Y intercambiamos direcciones y banners.
    Saludos y gracias por todo

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  4. un saludo de otro motero y...
    rafagas al cielo por el, y por otro muchos que han caido

    Un saludo

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  5. Hola amigo!! si pasas por mi blog, veras que te he enlazado en mi apartado webs recomendadas!! pasate y miralo.

    Por cierto queria ponerme encontacto via email pero no lo veo por tu blog. saludos y v'sssss

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  6. La verdad es muy triste, inconcientes como ese, abundan en el mundo, mi pesame a la familia del motero, un abrazo.

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  7. Tienes razon JuanVi. No hay forma aquí de enviarme un correo. En mi otro blog "antiguo motero" si que lo tengo, pero aquí se me ha olvidado ponerlo. Ahora mismo lo pongo.

    Gracias a todos por vuestros comentarios.

    Vsssss.

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  8. Ciudad de Querétaro, México. En la transitada avenida Zaragoza, un semáforo pone el color amarillo que indica que pronto se pondrá el rojo. Y rojo significa ALTO!!! Pero aquí y en todo este país de mierda, el amarillo significa pisa a fondo el acelerador para que alcances a pasar antes de que se ponga el rojo!!! Incluso se vale cruzar durante los primeros segundos en los que el semaforo ya esta en alto... Y vayanse a la mierda peatones y los automovilistas que tienen el verde... Pero esa tarde un señor de edad avanzada cruzaba... Se supone que sea así. Uno ve el semaforo en rojo y en teoría, es el turno de cruzar a pie... Pero ya nadie esta seguro cuando por las calles abunda tanto cabrón que se pasa en amarillo y los primeros segundos del rojo... Lo demás se puede imaginar... El señor voló varios metros por los aires antes de caer muerto sobre el azfatlo... Era el padre de un amigo mío. Y como tú dices, una maldita multa y de vuelta a la calle, a manejar como si nada hubiera pasado... Yo he sufrido por la ausencia de mi padre desde el divorcio, no me puedo ni imaginar perderlo porque este ha muerto, pero te aseguro que mi amigo jamás se recuperará del todo... Espero no te moleste que comparta esto contigo en tu blog... Un saludo hermano, y mis oraciones para tu amigo que hoy, ya está con Dios...

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  9. Tranquilo, no me molesta.

    Si no te importa lo pondré como una historia mas un dia de estos.

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Perdonad que haya tenido que hacer esto para revisar los comentarios antes de publicarlos, pero es que hay gente que me colaba montones de publicidad.
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